¿Cómo llegó la música a Colombia?

Historia de la Música en Colombia: Un Recorrido Apasionante

16/01/2025

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La historia de la música en Colombia es un relato fascinante de evolución, influencias y adaptación cultural. Desde sus inicios ligados a la liturgia religiosa hasta la explosión de géneros diversos en la era moderna, la música ha sido un elemento central en la sociedad colombiana. Explorar este recorrido nos permite comprender cómo los sonidos han tejido la identidad del país.

¿Cómo llegó la música a Colombia?
La música tuvo un lugar central en los hogares colombianos durante el siglo XIX. Las mujeres recibían clases de música como parte de su educación para la vida en sociedad, pues se esperaba que pudieran interpretar el piano y cantar durante las reuniones sociales.
Índice de Contenido

La Iglesia como Cuna Musical (Siglos XVII y XVIII)

Durante los siglos XVII y XVIII, la Iglesia Católica jugó un papel preponderante en la vida musical del Nuevo Reino de Granada, hoy Colombia. Las catedrales no solo eran centros de fe, sino también vibrantes espacios musicales. Empleaban compositores, directores y músicos dedicados a enriquecer las ceremonias litúrgicas. Compositores de renombre como Juan de Herrera, destacaron en este periodo, siendo figuras clave en la música eclesiástica.

El papel central de la música en el catolicismo impulsó desarrollos técnicos notables, como la polifonía, una técnica vocal que enriqueció la complejidad y belleza de la música religiosa. Si bien la música doméstica siempre tuvo su espacio en los hogares, para la mayoría de la población, la iglesia era el principal, y a menudo único, lugar para experimentar obras musicales de gran envergadura.

Transición hacia Espacios Públicos y Cambios Sociales (Finales del Siglo XVIII y Periodo Republicano)

Hacia finales del siglo XVIII, un cambio significativo comenzó a gestarse. La aparición de teatros, conciertos públicos y sociedades musicales marcó un punto de inflexión. La Iglesia, que hasta entonces había dominado el panorama musical, empezó a ceder terreno a estos nuevos espacios que acogían una diversidad de géneros y expresiones musicales.

El periodo republicano en Colombia trajo consigo transformaciones radicales en el papel de la Iglesia en la sociedad. Las guerras de Independencia impulsaron a los revolucionarios a limitar el poder eclesiástico, buscando recuperar tierras y abolir el cobro de diezmos. Esta nueva realidad impactó directamente a instituciones como la Catedral de Bogotá, que se vio obligada a reducir sus actividades musicales. La catedral dejó de contratar músicos de renombre como Herrera o José Cascante, figuras importantes del periodo barroco, dando paso a un periodo considerado por algunos críticos como de "decadencia". Durante gran parte del siglo XIX, las iglesias mantuvieron el repertorio barroco, sin grandes innovaciones.

A pesar de este cambio de paradigma, eventos musicales importantes marcaron la época. En 1750, un hito crucial fue la llegada del primer pianoforte a Bogotá, un instrumento que revolucionaría la música doméstica y de concierto. En 1791, se interpretó la primera sinfonía en Colombia, la Nº 25 de Michael Haydn, un evento que abrió las puertas a la música orquestal europea. En 1793, se inauguró el primer teatro público en Bogotá, el Coliseo Ramírez, un espacio dedicado al entretenimiento y las artes escénicas. La institucionalización de la educación musical también dio un paso importante con la creación de la primera Escuela de Música en la Nueva Granada en 1833.

Siglo XIX: Música Doméstica, Sociedad y Nuevos Géneros

El siglo XIX presenció una expansión notable de la música en la vida cotidiana colombiana. La música doméstica se consolidó como una práctica social fundamental, especialmente para las mujeres de la época. Recibir clases de música, particularmente de piano, se convirtió en parte esencial de la educación femenina, preparándolas para participar activamente en la vida social a través de la interpretación musical en reuniones y tertulias.

En los hogares de las clases alta y media, el piano se erigió como el instrumento rey. A mediados de siglo, era común encontrar pianos en las residencias privilegiadas de Bogotá, importados desde Europa con gran dificultad, o, desde 1839, construidos en el país por fabricantes pioneros como David McCormick o Manuel Montoya. Esta producción local facilitó el acceso al instrumento y contribuyó a su popularización.

Más allá del piano, en hogares de diversos grupos sociales, se utilizaban otros instrumentos como violines, flautas y guitarras, ideales para amenizar veladas y reuniones familiares. La música doméstica para señoritas se transformó en un mercado floreciente para compositores, quienes creaban sonatas, colecciones de temas y variaciones, miniaturas y lieder, adaptadas a diferentes niveles de habilidad.

Era habitual que las mujeres llevaran cuadernos de música donde copiaban piezas para crear su propia colección personal. Un ejemplo notable es el cuaderno de mediados del siglo XIX de la bogotana María del Carmen Cayzedo, que contiene piezas para guitarra incluyendo valses, contradanzas, pasodobles, un baile inglés y un ondú, mostrando la diversidad de géneros populares en la época.

La clase alta bogotana del siglo XIX se caracterizaba por ser una élite cerrada que buscaba preservar su poder y fortalecer sus lazos con Europa. La música y el baile jugaban un papel crucial en esta estrategia. Eventos sociales exclusivos, como danzas de sociedad y fiestas, eran reservados para miembros de clubes sociales y sus selectos invitados. En estas reuniones se cultivaban géneros de moda en Europa, como la polka, la cuadrilla y la cracoviana en la década de 1840. El minué, en cambio, había perdido popularidad.

La contradanza, de origen inglés (country dance), fue popular durante la Guerra de Independencia, posiblemente introducida por ejércitos ingleses, pero decayó hacia 1860. El vals, por otro lado, mantuvo su popularidad hasta principios del siglo XX. Una variante más rápida del vals, llamada inicialmente capuchinada, que se tocaba para animar las reuniones, dio origen a un género colombiano emblemático: el pasillo. Hacia finales de siglo, la danza habanera, un género cubano derivado de la contradanza, ganó popularidad, influyendo también en la música colombiana.

Mientras tanto, en las clases populares de la región central de Colombia, se bailaban los mismos géneros europeos, pero también se mantenían vivas danzas de origen indígena y mestizo como el torbellino, la manta y la caña, entre otros. En la costa, surgieron danzas que fusionaban raíces africanas con elementos españoles, conocidas colectivamente como bunde, que serían precursoras de géneros tan importantes como la cumbia y el porro.

Siglo XX: Institucionalización, Radio y Orquestas

Los conciertos públicos, iniciados en el siglo XVIII, se expandieron rápidamente en el siglo XX, junto con la ópera, dominando la oferta musical en las grandes ciudades. Esta mayor oferta contribuyó a formar un público más conocedor y exigente, habituado a apreciar las innovaciones de los compositores, aunque también, en parte, más conservador en sus gustos.

Un cambio importante en el panorama musical fue la transformación del sistema de mecenazgo. Mientras que en los siglos XVII y XVIII los músicos dependían del patrocinio de mecenas, lo que les daba mayor libertad para experimentar, en el siglo XIX debieron competir comercialmente por la atención del público. Este nuevo mercado impulsó la creación de publicaciones periódicas, donde compositores y críticos podían explicar las nuevas tendencias y composiciones al público aficionado.

La primera organización dedicada a la música en la Nueva Granada, como se mencionó anteriormente, fue la Sociedad Filarmónica de Bogotá, fundada en 1846 por el inglés Henry Price. Su objetivo era fomentar y difundir el gusto por la música. La Sociedad reunió a trescientos socios, incluyendo artistas destacados, figuras políticas, miembros de la alta sociedad y extranjeros residentes en el país. Se dividía en miembros activos (músicos), honorarios (funcionarios y diplomáticos) y contribuyentes (alta sociedad que financiaba la organización). La orquesta de la Sociedad Filarmónica llegó a tener cuarenta músicos, quienes, curiosamente, solo recibían un refrigerio como pago después de los conciertos. A pesar de esta falta de remuneración, la orquesta contó con la participación de talentosas mujeres como la arpista Elena Cordovez y las pianistas Teresa Triviño, Trinidad Plata, Virginia París, Josefa Tanco y Rafaela Zapata de Guarín.

En 1910, la Academia Nacional de Música se transformó en el Conservatorio Nacional de Música en Bogotá, marcando un hito en la institucionalización de la educación musical en Colombia. La Orquesta de Conciertos Sinfónicos del Conservatorio comenzó a ofrecer sus primeros conciertos en Bogotá en 1920, siendo el germen de la futura Orquesta Sinfónica Nacional.

La descentralización de la educación musical también avanzó con la fundación del Conservatorio del Tolima en 1925 en Ibagué. En 1929, la llegada de las primeras emisoras de radio a Colombia abrió un nuevo capítulo en la difusión musical, democratizando el acceso a la música y creando un nuevo medio para los artistas. En 1933, se fundó el Conservatorio de Cali, liderado por Antonio María Valencia.

En 1936, el Conservatorio Nacional se integró a la Universidad Nacional de Colombia, fortaleciendo su carácter académico. Andrés Pardo Tovar fundó en 1955 el Centro de Estudios Folclóricos y Musicales, impulsando la investigación y valoración de las músicas tradicionales colombianas.

La Orquesta Filarmónica de Bogotá, en su forma moderna, fue creada en 1967. A partir de 1975, comenzó a ofrecer sus conciertos en el emblemático Auditorio León de Greiff. En 1976, la orquesta contrató al compositor Francisco Zumaqué para crear arreglos de música popular colombiana para orquesta sinfónica, un gesto innovador de acercamiento a la música popular.

Finales del Siglo XX y Siglo XXI: Diversidad y Reconocimiento

En 1980, se estrenó el Poema Sinfónico Vocal, Simón Bolívar de Blas Atehortúa, una obra de gran envergadura que refleja la identidad y la historia colombiana. En 1992, la Orquesta Filarmónica de Bogotá adquirió tubas wagnerianas, ampliando sus posibilidades sonoras. Un evento destacado de colaboración entre géneros fue la producción Kraken Sinfónico en 2005, que unió a la orquesta con la banda de rock Kraken, demostrando la apertura a nuevas fusiones.

En 2008, la Orquesta Filarmónica de Bogotá obtuvo un Grammy Latino al mejor álbum instrumental, un reconocimiento internacional a la calidad de la música colombiana. En 2009, se lanzó el CD "Mestizajes", una muestra de la fusión entre música popular, rock y ritmos afrocolombianos, reflejando la rica diversidad musical del país. En 2015, se crearon los programas juveniles de la OFB, enfocados en la formación de nuevas generaciones de músicos, asegurando la continuidad de la tradición musical colombiana.

La música en Colombia ha recorrido un largo camino, desde sus raíces en la iglesia colonial hasta la vibrante escena contemporánea. Ha sido moldeada por influencias europeas, africanas e indígenas, creando un paisaje sonoro único y diverso que continúa evolucionando y enriqueciendo la cultura colombiana.

Preguntas Frecuentes (FAQ)

¿Cuándo llegó el primer piano a Colombia?
El primer pianoforte llegó a Bogotá en 1750.
¿Cuál fue la primera institución musical en Colombia?
La primera institución musical fue la Sociedad Filarmónica de Bogotá, fundada en 1846.
¿Qué géneros musicales surgieron en Colombia en el siglo XIX?
En el siglo XIX surgieron géneros como el pasillo, a partir del vals, y se popularizaron danzas como la cumbia y el porro en la costa, derivadas del bunde.
¿Cuándo se fundó el Conservatorio Nacional de Música?
El Conservatorio Nacional de Música se fundó en 1910, como transformación de la Academia Nacional de Música.
¿Qué reconocimiento internacional ha recibido la Orquesta Filarmónica de Bogotá?
La Orquesta Filarmónica de Bogotá ganó un Grammy Latino en 2008 al mejor álbum instrumental.

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